Cancelados 57.391 € a una vecina de Leganés tras el cierre de su empresa en 5 meses y medio
Las deudas que quedan después de perder una vivienda también pueden exonerarse. Eso fue lo que ocurrió con Marisa (nombre ficticio para proteger su privacidad), una vecina de Leganés que acudió a la Ley de la Segunda Oportunidad después de haberlo perdido todo.
Marisa y su marido llevaban años al frente de su propia empresa. Habían invertido tiempo, dinero y muchísima ilusión en sacarla adelante. Sin embargo, la situación económica comenzó a complicarse: bajó la facturación, aumentaron los gastos y las obligaciones con bancos y proveedores se hicieron cada vez más difíciles de asumir.
Finalmente, y a pesar de todos sus intentos por mantener la actividad, no les quedó otra opción que cerrar. La liquidación del negocio fue dolorosa: tuvieron que vender o entregar todo el activo empresarial, pero aun así no pudieron cubrir la totalidad de las deudas generadas.
Lo que parecía un pequeño bache se convirtió en una avalancha financiera.
Perdieron la casa y aún quedaba deuda
El golpe más duro llegó cuando se vieron obligados a entregar su vivienda en dación en pago. Creyeron que así cerrarían definitivamente la etapa de las deudas hipotecarias, pero descubrieron que el valor por el que se entregó no cubría el total del préstamo.
Ese “remanente” de la hipoteca se convirtió en una losa que arrastraban mes a mes, a lo que se sumaban deudas privadas con bancos y financieras que no dejaban de reclamar.
La única propiedad que conservaban era un coche Renault de gasolina. Su valor de mercado era tan bajo que el juzgado no lo consideró relevante para el proceso y no fue necesario venderlo.
Sin ingresos propios y con todo perdido
En el momento de iniciar el procedimiento, Marisa no tenía trabajo ni ingresos. El sustento del hogar dependía únicamente de su marido, que también había visto reducirse sus posibilidades laborales tras el cierre de la empresa.
La presión psicológica era enorme: las llamadas de los acreedores, las cartas de requerimiento y la sensación de no poder avanzar generaban un estrés constante.
Haberlo perdido todo —el negocio, la casa, la estabilidad— y seguir debiendo dinero era una situación insostenible. Marisa necesitaba una solución definitiva para poder reconstruir su vida.
Cancelación total de la deuda
Tras presentar toda la documentación y cumplir los requisitos legales, el Juzgado de Primera Instancia concedió la exoneración del 100 % de la deuda. En total, 57.391 € quedaron cancelados, sin que Marisa tuviera que devolver ni un euro más.
El procedimiento, que se resolvió en apenas 5 meses y medio, permitió que esta vecina de Leganés empezara de cero, libre de la carga económica que la había perseguido durante años.
Hoy puede mirar al futuro con esperanza y sin el miedo constante a las reclamaciones.
Auto de cancelación de la deuda
Haciendo clic en el enlace puedes ver el auto por el que se canceló todo lo que debía esta vecina de Leganés: resolución del procedimiento.