Iliquidez
En esta página conocerás qué significa que una persona o empresa esté en una situación de liquidez o iliquidez, en qué se diferencia la liquidez de la solvencia, que es la liquidez asociada a activos e inversiones y qué relevancia puede tener la situación de falta de liquidez de un deudor en la vía concursal y respecto del mecanismo de la ley de segunda oportunidad.
Se considera que una persona, empresa o asociación está en una situación de iliquidez si no es capaz de afrontar sus compromisos de pago inmediatos o a muy corto plazo. Y también se habla de la liquidez de los activos e inversiones según su potencial de conversión en dinero sin merma relevante de valor.
Qué es la liquidez
La liquidez, es, a grandes rasgos, la capacidad de una persona, empresa, asociación o institución de cumplir los compromisos de pagos asumidos a corto plazo.
Este concepto tiene en cuenta, para valorar esa capacidad, los fondos disponibles por el deudor —por ser dinero efectivo o activos convertibles con rapidez en dinero— respecto del total de sus deudas a corto plazo, ya vencidas o con vencimiento inminente.
Pueden ser pagos a entidades por financiación o uso de tarjetas, pagos fiscales con fecha inmediata, salarios mensuales, cotizaciones a la Seguridad Social, facturas de proveedores, indemnizaciones debidas…
También se asocian los términos líquido o ilíquido (o la liquidez limitada), como características, a inversiones y activos, en función de que sean convertibles en dinero con más o menos facilidad y rapidez, y con mantenimiento del valor o sin pérdida relevante de este.
Qué diferencia hay entre la liquidez y la solvencia
Sin entrar en los aspectos técnicos contables, la solvencia, en sentido amplio, es la posibilidad de afrontar los pagos (gastos, intereses…) y devoluciones del capital prestado mediante aplicación de efectivo o, si es preciso, deshaciendo inversiones, vendiendo activos, cediendo bienes, consiguiendo financiación, formalizando garantías…
Tiene en cuenta así el total de dinero y patrimonio disponible respecto del total de deudas.
No obstante, en sentido más estricto, suele hablarse de solvencia cuando se puede hacer frente a las deudas a medio y largo plazo, con independencia de que haya o no liquidez suficiente para saldar las inmediatas.
De este modo, alguien tendrá liquidez si puede afrontar con facilidad sus pagos:
- Inmediatos.
- Cercanos en vencimiento.
Por tanto, alguien con solvencia y liquidez podrá hacer frente a todo tipo de compromisos de pago, porque:
- Dispone de fondos suficientes para saldar deudas inmediatas.
- Posee activos o inversiones en productos financieros que, si lo precisa, puede convertir rápidamente en dinero para realizar los pagos.
- Tiene activos de cierto valor convertibles en dinero que, aunque cueste algo más venderlos, son atractivos en el mercado.
- Puede lograr financiación en condiciones adecuadas, por su capacidad de pago y reembolso, por tener activos que pueden servir como garantía real (hipoteca o prenda) y, si fuera preciso, por contar con terceros que actúen como potenciales garantes, confiados en su solidez económica.
De este modo, alguien que tenga liquidez y solvencia podrá cumplir todos los compromisos de pago adquiridos, sean a corto, medio o largo plazo.
Algunas situaciones posibles respecto de la liquidez
Problemas de liquidez
Los pagos regulares se realizan a partir de efectivo, dinero de cuentas bancarias y líneas de crédito, pero en ocasiones pueden aflorar problemas de liquidez que lleven al retraso o impago de deudas vencidas. Ello ocurre, por ejemplo, cuando:
- Fallan los ingresos.
- Algunos clientes se demoran en los pagos.
- Se agotan los ahorros en las cuentas.
- Los bancos cortan líneas de crédito…
Liquidez limitada con posibilidades de desinversión rápida
En algunos casos, el deudor, aunque se ve en problemas, mantiene cierta liquidez, ya que puede recurrir a otros productos de fácil desinversión (venta, rescate, reembolso…) sin pérdidas significativas:
- Depósitos a plazo.
- Participaciones en fondos de inversión mobiliarios.
- Acciones de sociedades cotizadas.
- Valores de renta fija (entre ellos, la deuda pública).
- Seguros de vida-ahorro.
- Planes de pensiones (en caso de desempleo o enfermedad grave, o tras diez años de inversión)…
Escasa liquidez manteniendo cierta solvencia
Diferente es la circunstancia que se produce cuando el deudor tiene poca liquidez (no puede conseguir dinero de manera rápida), pero mantiene una aceptable solvencia por disponer de bienes vendibles o utilizables como garantía de préstamos:
- Automóviles con valor relevante.
- Joyas u obras de arte.
- Inmuebles en buen estado en zonas con mucha demanda…
Liquidez momentánea con escasa solvencia
Además de los casos en que hay poca liquidez pero aceptable solvencia, también se dan situaciones en las que el deudor presenta una escasa solvencia si piensa en todos los compromisos de pago regulares que están previstos a medio y largo plazo, pero mantiene cierta liquidez momentánea para los pagos inminentes y cercanos, porque aún le quedan fondos o dispone de ayudas de terceros.
También puede darse esta situación si el deudor posee bienes de notable valor, pero son de muy difícil venta o afectación como garantía y, aunque aún cumple con los pagos que llegan a su vencimiento, intuye que se verá abocado de modo inminente a no poder atenderlos, sin opciones rápidas para afrontar la crisis.
Asimismo, puede ocurrir que el único bien vendible sea la vivienda habitual, con la complicación que supondría su venta si no se logra a precio relevante.
Carencia completa de liquidez y de solvencia
En esta situación, el deudor en situación de iliquidez ya no puede pagar los vencimientos cercanos.
Y, por ser insolvente:
- No tiene inversiones suficientes que pueda deshacer para atenderlos.
- Carece de bienes de interés para el mercado que pueda vender, de los que pueda desprenderse o que puedan fundamentar garantías.
Qué significa que un activo tenga poca o nula liquidez
Además de considerar a una persona o empresa líquida o ilíquida, la liquidez es una característica que también se asocia a productos financieros e incluso a bienes muebles e inmuebles.
Cuando se califica a un producto como muy líquido, se está diciendo que es convertible con facilidad y rapidez en dinero sin merma relevante de su valor actual.
Así, por ejemplo, son inversiones muy líquidas como las realizadas en participaciones en fondos de inversión financieros o en acciones de sociedades de inversión financieras. Son activos que se reembolsan en cualquier momento a un valor inmediato (el de reembolso), y se cobran en un día. Nada garantiza que la inversión dé buenos rendimientos, pero lo que haya producido o tenga como valor en cada momento puede materializarse en dinero de inmediato, sin tiempo para una caída de valor.
A partir de ahí, hay productos de inversión y otros activos que son bastante líquidos, o que tienen una liquidez reducida por alguna restricción de mercado o por su regulación.
Por ejemplo:
- Un depósito a plazo bancario es cancelable con facilidad, aunque puede tener una penalización de intereses.
- Las participaciones en fondos de inversión garantizados tienen unas fechas concretas de reembolso para que opere la garantía y evite posibles pérdidas, y fuera de estas pueden devengarse comisiones e incurrirse en pérdidas.
- Los fondos de inversión inmobiliarios no pueden desinvertirse en todo momento: tienen solo algunas unas ventanas de reembolso al año.
- Los valores de renta fija tienen diferente atractivo en el mercado secundario según el emisor, el tipo de instrumento, el interés que están dando comparado con el que da ahora el mercado, el riesgo-país…
- Hay acciones muy atractivas en Bolsa, buscadas por los inversores, mientras que otras son vendibles solo con precios a la baja y a veces resultan muy difíciles de colocar.
- Los planes de pensiones, los planes de previsión asegurados (PPA) y los planes de previsión social empresarial (PPSE), así como algunos de ciertos territorios (como los planes de las EPSV vascas) son productos con liquidez limitada: solo puede cobrarse la prestación si se produce una de las contingencias previstas: jubilación, invalidez absoluta, muerte, enfermedad grave, dependencia o desempleo, o a los diez años de la primera aportación.
- Los seguros de vida-ahorro contemplan rescates, pero se aplica cierta penalización sobre el monto acumulado (prestación prevista por las primas acumuladas y capitalizadas en ese momento).
- Un inmueble será más líquido si está en buen estado, en una población atractiva, bien situado, en un mercado inmobiliario boyante, y lo será en menor medida si su estado es deficiente y está ubicado en una zona con poca demanda. También influirá que tenga o no algunas cargas, arrendamientos, ocupaciones ilegales difíciles de solucionar…
- El resultado de la venta de un vehículo va a depender de factores como su antigüedad, kilometraje, estado mecánico, marca (algunas son mucho más buscadas en el mercado de ocasión), y por sus cargas.
- Es más fácil prever el precio en la venta de joyas en las que domine el oro o haya piedras preciosas aisladas que otros diseños a los que se dé valor artístico o de antigüedad.
- No siempre es fácil colocar obras de arte a precios elevados: las hay que sí se materializaron fácilmente en el dinero esperado a través de subastas, pero con otras puede tardarse en encontrar un comprador que acepte el precio considerado aceptable a priori por el vendedor.
El valor y atractivo de un bien o instrumento de inversión, la existencia de un mercado secundario ágil para este y la no existencia de restricciones para la desinversión ni de cargas son los factores que incrementan su liquidez.
Un bien o instrumento de inversión tendrá la máxima liquidez si mediante su venta, reembolso o rescate puede convertirse en dinero en cualquier momento (o de manera casi inmediata), sin esperar a contingencias y sin merma relevante de valor respecto del que tenía cuando se tomó la decisión de desinversión.
Disponer de inversiones y activos muy líquidos contribuye a la liquidez general de quien los posee, ya que le permiten afrontar deudas a corto plazo si no dispone de efectivo en cuentas para saldarlas.
La iliquidez y el mecanismo de segunda oportunidad
El mecanismo de la ley de la segunda oportunidad, como otros procedimientos concursales, está pensado para situaciones de insolvencia actual o inminente, lo que se da cuando no puede cumplir regularmente sus obligaciones exigibles, o cree que eso le ocurrirá en breve.
Si solo se trata de problemas de liquidez, o si esta es limitada pero queda cubierta por un patrimonio de fácil desinversión, el deudor quizá pueda disponer de fondos, bienes y derechos para fundamentar vías rápidas de solución sin llegar al concurso: cancelaciones, ventas, rescates, reembolsos, refinanciación, fianzas, apoyo de terceros, etc.
Por otra parte, la escasa liquidez puede obstaculizar alguna de las vías de obtención de la cancelación de deudas, ya que hará más difícil la formalización de un plan de pagos que evite la liquidación.
Con algunos ingresos del trabajo o rendimientos de la actividad, el deudor particular o autónomo puede plantearse un calendario de pagos a los acreedores a tres o cinco años que le permita conservar algunos bienes y su negocio.
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